jueves 12 de noviembre de 2009

Entrevista para "La Central".

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miércoles 30 de septiembre de 2009

Nota sobre No Califica! por Demián Orosz.


Clase de amistad

Carlos Crespo fue profesor de pintura de Pablo Peisino y Gustavo Piñero. Pertenecen a distintas generaciones pero están unidos por el afecto y la admiración. Hoy inauguran la muestra “No califica”, que incluye obras de los tres. Cuentan cómo es la relación que mantienen.
Demián Orosz
De nuestra Redacción
dorosz@lavozdelinterior.com.ar

El arte empieza de muchas maneras. A Pablo Peisino su mamá, que había tenido una mercería, le dejó una bolsa llena de hilos de colores, y a partir de 2003 esos hilos comenzaron a desplazar a los lápices y se convirtieron en el material predilecto de sus obras bordadas y sus esculturas de tela. A Carlos Crespo le pasó una vez que comenzó a ver muchas chicas embarazadas por la calle, y produjo una serie que incluía Pareja con cuervos, pintura con la que el año pasado ganó la 30ª edición del Salón Ciudad de Córdoba. La obra de Gustavo Piñero está tan impregnada de sus peripecias vitales que, sin exagerar, el conjunto de su producción puede entenderse como una novela con un solo personaje. Atención a este dato: como si pronunciara un mantra, se obliga cada año a hacer un cuadro o un objeto que lleve anotados los años de su vida hasta entonces, como un arqueólogo de sí mismo que levanta sin cesar las capas de su existencia. El arte empieza de muchas maneras. Por ejemplo esta escena: Crespo, Piñero y Peisino se conocen en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba. Hay dos que son muy pibes. Uno tiene 21 años, el otro no ha cumplido los 20. Crespo (1940) es el más grande de los tres, el maestro. Se desempeña como docente de Peisino (1975) y Piñero (1973), les enseña pintura en tercer año de la carrera. Y un día, una mañana o una noche que ninguno de los tres sabría precisar, ven que el vínculo profesor-alumno pierde verticalidad y adquiere la posición horizontal de la amistad. Es decir que a la escena con caballetes y pinceles se agrega una mesa, cervezas, comida y música compartida. Comienzan a quererse, a admirarse, a construir una intimidad que también implica bancarse y cuidarse en los momentos difíciles. Esta es la historia (resumida) de la muestra que desde esta tarde a las 19.30 abrirá al público en el Museo Genaro Pérez (avenida General Paz 33). Los tres ya habían mostrado juntos en 2007, en la Universidad Blas Pascal. La exposición se llamó "Aioraralcampito" (traducción: A llorar al campito), todo un mensaje sobre el duro contexto del arte cordobés. La nueva reunión, bautizada "No califica", también envía una señal sobre el "ambiente" y quiere ser una ironía y una insolencia sobre la competitividad y el manoseo marketinero del campo en el que dan batalla. Mundos oscuros. No es difícil encontrar afinidades. Los tres han producido obras repletas de murmullos autobiográficos, a menudo con imágenes perturbadoras. Piñero se autorretrata en una serie interminable de personajes que son siempre él mismo y que frecuentemente inquietan por su contenido violento, por las culpas que insinúan y sus respectivas penitencias. En la muestra podrá verse, por ejemplo, una elaboración del motivo de San Sebastián que en la versión contemporánea de Piñero muestra el cuerpo del artista perforado por misiles. Con esta escultura dialoga El último San Expedito, una de las cinco piezas con las que acaba de ganar el Premio Gen organizado por la Fundación Roggio. Crespo vuelve insistentemente a un mundo de dolores y torsiones en cuerpo y alma, sin maquillajes de ningún tipo, apelando a una figuración de apariencias ingenuas o primitivas de inusual potencia. En sus bordados, Peisino siembra su universo con calaveras, pájaros fúnebres y todo tipo de personajes humanos o señales de la naturaleza que dejen en claro la fuerza de su desamparo. Los tres, en fin, dejan ver sus humores y temores, pero ninguno se atrinchera en la subjetividad herida de la que pueden nacer muchas de sus imágenes. Nada de mártires ni lecciones sobre el padecimiento, y mucho menos el silogismo oscuro y pedante que dice: Sufro, por lo tanto tengo razón. También es un rasgo común la presencia de seres vulnerables, capturados con toda la dureza que requiere el caso, pero salvados del patetismo gracias a las variadas formas de ternura que saben ejercer.


Punto y coma

Bueno, veamos, este… Me encuentro en una encrucijada. Me han pedido que diga algo sobre la muestra "No califica" que proyectamos hacer con Piñero y Peisino. Y esto, de todas las cosas que me han pedido en mi vida, ha sido lo más difícil (y casi imposible de cumplir). Debido a la raza de los integrantes, y el tema del que se trata. Porque hablar de arte hoy (y sobre todo de amigos, ¡Dios mío!). ¿Qué se puede decir a esta altura de los acontecimientos? ¿Que Peisino y Piñero son dos buenos artistas? Eso ya todo el mundo lo sabe. ¿Que tal vez lleguen a ser grandes? Eso lo decide Ud. y también ellos mismos. Por eso, lo mejor será que me calle, para no manosear algo que no debe serlo, y que es el afecto hacia estos dos personajes; a los que también odio, porque tienen tanto talento que, digas lo que digas, ellos, en silencio, y con cualquier elemento, pinceladas, puntadas de costura sobre tela o cualquier otra cosa, te tapan la boca, y listo; y chau, y punto. O punto y coma, como debe ser cuando pretendemos hablar de eso tan imposible e inasible que es el arte.

Carlos Crespo.

Violentamente ingenuo

Antes de conocer a Carlos vi una muestra de un premio Cayc (Centro de arte y comunicación) en Córdoba. El primer premio era un cuadro que a mí me parecía bastante feo.

Al año siguiente tuve que hacer un video sobre la obra de Crespo en el marco de una muestra que hacía en el Museo Genaro Pérez y, entrevistándolo, me sentí muy impresionado. Todo tenía el mismo espíritu: las sillas de su casa, la mesa, la guarda de su baño, los adornos de las paredes, su música. A medida que nos fuimos haciendo más amigos, descubrí que su coherencia es total (monstruoso, para usar un adjetivo del Polaco Goyeneche); si te invitaba a comer kepi crudo, si te aconsejaba un libro o una música, todo estaba dentro de una misma sintonía.

Creer que la obra de Carlos habla de sí mismo es una lectura superficial, él se usa como arquetipo del ser urbano, con sus miedos y sus logros diarios. Su numerosa producción, con temas que van desde la violencia explícita hasta el hombre contemplando su entorno, nos muestran a un creador incansable.

Es un trabajador de la idea, un obsesivo de la imagen que se multiplica por cientos, un obrero del arte. Su espíritu joven se mantiene intacto a pesar de las muchas batallas que tuvo que librar contra lo pacato, lo falso y lo hipócrita.

Ah, me olvidaba, el primer premio del Cayc era de Crespo y después de mucho tiempo aprendí que lo más importante de ese cuadro estaba en la hoja que había quedado sin pintar. Ahora me parece bellísimo.

Un almohadón duro. A Pablo Peisino lo conocí en la universidad. Éramos bastante distintos. Él escuchaba Kurt Cobain, yo escuchaba tango; él era fanático de cómics norteamericanos y a mí me gustaban los europeos. En lo primero que nos pusimos de acuerdo fue en Bukowski… Después hicimos grupo en la facultad y a partir de ahí nos empezamos a conocer.

Estuvimos juntos en el grupo Familia Lovera, y después organizamos varias muestras juntos (la última fue "Verde boteia", en la galería porteña Elsi del Río, el año pasado, y "Aioraralcampito" con Carlos Crespo).

Pablo tenía desde la facultad una gran facilidad innata para el dibujo, una gráfica despojada de manierismos, brutal, y a pesar de eso él siempre buscaba otra cosa. Nunca se quedó en algo que le saliera bien, incómodo en el podio, él prefería el subsuelo para ametrallar con imágenes muy duras (personajes ahorcados, perros aplastados, huesos, cráneos, animales con implantes de robot, guerra, hombres con máscaras, un aire casi imposible de respirar...) pero con telas de colores, bordados, canutillos, con elementos del universo femenino. La tensión entre la imagen y el modo acentúan su dramatismo, haciendo de su obra algo difícil de ignorar.

Me preparo un ferné y mañana le hablo a Pablo para ver si hacemos un asado el fin de semana.


Gustavo Piñero.

Mientras caen imperios

Con Gustavo nos conocimos en la Escuela de Artes. Siendo compañeros, nos unió la pasión por la historieta, cuando Gustavo trataba de editar la utópica y majestuosa revista Nada de Nada. Desde entonces y a través de los años nos embarcamos en innumerables proyectos y muestras, pero sobre todo y lo más importante: muchas horas de cerveza y ajedrez mientras a nuestro alrededor caen imperios, un gato maúlla buscando a su amor y Lucía e Inés nos piden efusivamente que terminemos de una vez con esa última partida. A Carlos lo conocí por primera vez cuando lo tuve como profesor, también en la Escuela de Artes (a pesar de no ser un amante de la academia, ahora que lo veo, le debo bastante a la Escuela). Su enseñanza más importante, además de la invalorable apertura de panorama sobre el mundo del arte, fue aprender de su entrega, espíritu y fuerza para soportar los embistes de un entorno para nada favorable y poder seguir produciendo, a pesar de todo, sin doblegarse ni arrodillarse nunca jamás.

Pablo Peisino (yo!).



miércoles 16 de septiembre de 2009

NO CALIFICA! Crespo-Peisino-Piñero en el Museo Genaro Perez


Crespo-Peisino-Piñero en el Museo Municipal Genaro Perez.
Inauguración: Jueves 24 de Septiembre de 2009 a las 19:30 hs.
Av. General Paz 33. Córdoba-Argentina.

sábado 11 de julio de 2009

Entrevista para la TV!

sábado 30 de mayo de 2009

ArteBA 09!




lunes 9 de marzo de 2009

Pablo Peisino artista de Elsi del Rio en ArteBA 09!




Este año estare presente en la feria de arte contemporaneo de Bs. As. junto a la galeria de arte Elsi del Rio. Nos vemos!

martes 30 de diciembre de 2008

Reportaje para el diário El Puntal de Villa María por Ivan Wielikosielek.


“En el mundo pasan cosas tan complejas, que con la pintura sola no te alcanza”

Empezó dibujando cómics hasta que ingresó a Bellas Artes, donde se volcó a las técnicas mixtas y las instalaciones. Hoy es uno de los artistas plásticos más promisorios e inquietantes de La Docta

No. Peisino no es uno de esos artistas que están en el candelero. No es de esos que queman barbies o se desnudan en público o hacen declaraciones estrepitosas. No. Peisino no es de los que escandalizan ni de los que salen todo el tiempo en los medios a tal punto de convertirse en opinadores más que en creadores. Tampoco es Peisino uno de esos artistas que renieguen de su pasado, de sus humores o de sus dudas. Menos que menos de su irrefrenable pasión por el cómic, aunque muchos plásticos tengan a la historietas como un arte menor o apenas un pasatiempo.
Pero al contrario de todo esto, Peisino es uno de los artistas jóvenes más inquietantes que se presentan en el amplio panorama cordobés de la actualidad.
Empezó dibujando a lápiz, casi como una continuación de su pasión por las caricaturas, y mantuvo esa técnica durante mucho tiempo debido a su trabajo en una cochera: aquel garito se había convertido en el atelier de Peisino. Y allí surgieron algunas de sus alucinantes visiones donde un trazo vigoroso y sencillo le dejaba paso a imágenes tan preocupantes como inconscientes. “Atrapado” es un autorretrato del aislamiento, que muestra la cabeza del artista adentro de una jaula. “Cabeza de broche” es un hombre que camina despreocupado con una ridícula cabeza en forma de pinza para colgarla ropa. “Run-Morci” es un embutido en fuga que produce risa y a la vez angustia. Casi podría decirse que cada dibujo de Peisino es un breve tratado tragicómico de la condición humana o de las angustias del hombre moderno. Tratados que se resuelven con los elementos con los que trabaja un niño.
-Sin embargo, un día dejó los lápices y los pinceles y agarró hilos, lanas, telas y empezó a coser perros mutilados... ¿Qué pasó?
-Lo de los perros tiene que ver con algo que veía en la ruta, cada vez que me volvía a mi casa de Carlos Paz: perros y perros muertos, arrollados por los autos. Por eso esas esculturas tratan de ser un homenaje a esos animales arrollados, una toma de conciencia. En cuanto a la técnica, es un tema más largo...
-Tenemos tiempo, Pablo... ¿cómo se pasa de un arte “clásico” de lápiz y papel a perritos cosidos y a las instalaciones?
-Yo entré a la Escuela de Bellas Artes porque quería aprender a dibujar cómics; pero como no había una escuela de historietistas tuve que entrar ahí. Pero en la Escuela de Arte conocí un mundo nuevo: el mundo del arte; que es mucho más grosso que el mundo del cómic. Los cómics me siguen gustando, pero de pronto conocí a Egon Schielle, a Piccaso o a Andy Warhol, tipos que cambiaron no sólo la historia del arte sino la forma de pensar y de vivir de la gente. Empecé a pintar pero a medida que fui conociendo y ampliando mi gusto fui descubriendo cosas nuevas y vi lo que estaba pasando con el arte en todo el mundo .
-¿Y qué estaba pasando?
-Que la pintura como arte en sí es algo que ya pasó hace muchos años, algo que ya no tiene la misma fuerza que en otras épocas. Sigue habiendo pintores, pero son muy pocos y tienen que ser sumamente originales. Y es muy difícil crear algo nuevo en la pintura porque ya está todo hecho. Es difícil convertirse en referente, que es lo que uno busca. Además, el artista siempre ha reflejado lo que pasa en el mundo. Y en el mundo hoy pasan cosas tan complejas, que con la pintura sola no te alcanza, te quedás corto. Las guerras, la situación del planeta, y por otro lado la Era Digital, Internet, las computadoras... La vida cambió.
-¿Cuándo sintió que plasmó su primer “Pablo Peisino marca registrada”?
-Desde que arrancás, cuando hacés el primer dibujo ya sentís que hay algo tuyo ahí adentro. Pero en verdad nunca terminás de estar conforme. Nunca está tu obra como vos la querés. Y menos mal, porque si no, se cortaría todo enseguida...
-Los dibujos de su primera época guardan una enorme sencillez en el trazo, esa simplicidad, esa manera de decir mucho con poco ¿fue buscada de manera consciente?
-Sí, totalmente. No me gustan las cosas recargadas. No me gusta el realismo. Me gusta recrear las cosas desde una visión mía. No busco la perfección. Para eso está la fotografía. Después de la fotografía, siempre se buscó algo más emocional, más inconsciente. Siempre me gustó la cosa más austera. En música, por ejemplo, me gusta mucho Atahualpa Yupanqui; un tipo solo con una guitarra pero que te llega al corazón. Por ahí no hace falta una orquesta ni mil instrumentos. A mí me influenció mucho Carlos Crespo, que es un artista cordobés con esa onda muy austera. Pero esto no es solamente una poética, sino que tiene que ver con la cuestión económica. En un mundo en que se está viniendo a pique, me parece que está bien reducir gastos.
-¿Y cuándo dejó para siempre los lápices y los pinceles?
-Fue en 2003, hace ya cinco años. Me hizo un click en la cabeza. Nosotros estamos en Córdoba, que es una ciudad muy académica, y estamos en Argentina, un país también atado fuertemente a lo académico. Y es lo que veía acá. Muchos pintores y todas las galerías que venden pinturas y sobre todo mucha competencia. Era muy duro sobresalir entre los pintores. Además, yo no sé si tengo tanta técnica. Así que me dije que tenía que buscar otra forma para expresarme con otros materiales. Y así empecé a buscar.
-¿Y qué encontró?
-Empecé a hacer obras con desechos encontrados en la basura, con cartón, con cosas austeras. Una obra tercermundista que muestra mejor lo que somos nosotros. Además, no tenía un peso para los óleos. Encontraba un pedazo de madera de la basura y con eso hacía una escultura. Y así también salió lo de los hilos.
-¿Cómo empezó a coser?
-Mi vieja tenía una mercería que cerró y me quedó una bolsa llena de hilos de colores. Entonces me dije “a esto lo tengo que usar en arte”. Y volví a hacer los dibujos que hacía antes, sobre un bastidor, sólo que en vez de pintar encima los cosía con esos hilos. En Córdoba no había nada así, por eso creo que la pegué. Justo vino a la ciudad Laura Batkis, una crítica de arte de Buenos Aires que recorrió los talleres de los distintos artistas para armar una muestra. A ella le gustó lo mío. Tuve suerte.
-¿Y usted la llevó a la playa de estacionamiento?
-Claro! Cayó a mi taller, que era en la cochera y me hizo una entrevista con un grabador, así, como vos. Ella vio algo en mí y siempre trató de ayudarme.
-Y desde entonces, nunca más volvió a la pintura clásica...
-Es que me fue bien con los perritos, con los tejidos, con la bandera (Peisino cosió una bandera argentina y en vez de un sol puso la cabeza dorada de un ahorcado)... Pero ya me estoy cansando también... Tengo ganas de buscar otra cosa, empezar con otros materiales. No me gusta estacionarme. Y eso no quiere decir que no vaya a volver a pintar. Capaz que un día me levanto con la loca y vuelvo a agarrar los lápices...
Sí. Quizás un día Pablo Peisino se vuelva a levantar con ganas de dibujar y entonces quizás le agregue nuevos amiguitos a la zaga del “Run-Morci”, del “Atrapado” o del “Cabeza de broche”. Aunque el arte vaya hacia lo tridimensional y el se quede afuera, cosa que por otra parte pareciera no importarle demasiado.
De todos modos, lo que nunca dejó ni dejará de hacer Peisino es y será el sacar obras de la galera, como si fueran suaves conejos del fondo de su inconsciente. Así, sin pedirle permiso a nadie ni dar explicaciones académicas a los críticos. Así. Tan simple como respirar. Por eso sus cuadros y sus instalaciones tienen, además de una gran emoción y una increíble calidad plástica, la virtud de dejar a la gente pensando. Como un sueño persistente que uno no se puede sacar de los ojos durante toda la vigilia.