martes 30 de diciembre de 2008

Reportaje para el diário El Puntal de Villa María por Ivan Wielikosielek.


“En el mundo pasan cosas tan complejas, que con la pintura sola no te alcanza”

Empezó dibujando cómics hasta que ingresó a Bellas Artes, donde se volcó a las técnicas mixtas y las instalaciones. Hoy es uno de los artistas plásticos más promisorios e inquietantes de La Docta

No. Peisino no es uno de esos artistas que están en el candelero. No es de esos que queman barbies o se desnudan en público o hacen declaraciones estrepitosas. No. Peisino no es de los que escandalizan ni de los que salen todo el tiempo en los medios a tal punto de convertirse en opinadores más que en creadores. Tampoco es Peisino uno de esos artistas que renieguen de su pasado, de sus humores o de sus dudas. Menos que menos de su irrefrenable pasión por el cómic, aunque muchos plásticos tengan a la historietas como un arte menor o apenas un pasatiempo.
Pero al contrario de todo esto, Peisino es uno de los artistas jóvenes más inquietantes que se presentan en el amplio panorama cordobés de la actualidad.
Empezó dibujando a lápiz, casi como una continuación de su pasión por las caricaturas, y mantuvo esa técnica durante mucho tiempo debido a su trabajo en una cochera: aquel garito se había convertido en el atelier de Peisino. Y allí surgieron algunas de sus alucinantes visiones donde un trazo vigoroso y sencillo le dejaba paso a imágenes tan preocupantes como inconscientes. “Atrapado” es un autorretrato del aislamiento, que muestra la cabeza del artista adentro de una jaula. “Cabeza de broche” es un hombre que camina despreocupado con una ridícula cabeza en forma de pinza para colgarla ropa. “Run-Morci” es un embutido en fuga que produce risa y a la vez angustia. Casi podría decirse que cada dibujo de Peisino es un breve tratado tragicómico de la condición humana o de las angustias del hombre moderno. Tratados que se resuelven con los elementos con los que trabaja un niño.
-Sin embargo, un día dejó los lápices y los pinceles y agarró hilos, lanas, telas y empezó a coser perros mutilados... ¿Qué pasó?
-Lo de los perros tiene que ver con algo que veía en la ruta, cada vez que me volvía a mi casa de Carlos Paz: perros y perros muertos, arrollados por los autos. Por eso esas esculturas tratan de ser un homenaje a esos animales arrollados, una toma de conciencia. En cuanto a la técnica, es un tema más largo...
-Tenemos tiempo, Pablo... ¿cómo se pasa de un arte “clásico” de lápiz y papel a perritos cosidos y a las instalaciones?
-Yo entré a la Escuela de Bellas Artes porque quería aprender a dibujar cómics; pero como no había una escuela de historietistas tuve que entrar ahí. Pero en la Escuela de Arte conocí un mundo nuevo: el mundo del arte; que es mucho más grosso que el mundo del cómic. Los cómics me siguen gustando, pero de pronto conocí a Egon Schielle, a Piccaso o a Andy Warhol, tipos que cambiaron no sólo la historia del arte sino la forma de pensar y de vivir de la gente. Empecé a pintar pero a medida que fui conociendo y ampliando mi gusto fui descubriendo cosas nuevas y vi lo que estaba pasando con el arte en todo el mundo .
-¿Y qué estaba pasando?
-Que la pintura como arte en sí es algo que ya pasó hace muchos años, algo que ya no tiene la misma fuerza que en otras épocas. Sigue habiendo pintores, pero son muy pocos y tienen que ser sumamente originales. Y es muy difícil crear algo nuevo en la pintura porque ya está todo hecho. Es difícil convertirse en referente, que es lo que uno busca. Además, el artista siempre ha reflejado lo que pasa en el mundo. Y en el mundo hoy pasan cosas tan complejas, que con la pintura sola no te alcanza, te quedás corto. Las guerras, la situación del planeta, y por otro lado la Era Digital, Internet, las computadoras... La vida cambió.
-¿Cuándo sintió que plasmó su primer “Pablo Peisino marca registrada”?
-Desde que arrancás, cuando hacés el primer dibujo ya sentís que hay algo tuyo ahí adentro. Pero en verdad nunca terminás de estar conforme. Nunca está tu obra como vos la querés. Y menos mal, porque si no, se cortaría todo enseguida...
-Los dibujos de su primera época guardan una enorme sencillez en el trazo, esa simplicidad, esa manera de decir mucho con poco ¿fue buscada de manera consciente?
-Sí, totalmente. No me gustan las cosas recargadas. No me gusta el realismo. Me gusta recrear las cosas desde una visión mía. No busco la perfección. Para eso está la fotografía. Después de la fotografía, siempre se buscó algo más emocional, más inconsciente. Siempre me gustó la cosa más austera. En música, por ejemplo, me gusta mucho Atahualpa Yupanqui; un tipo solo con una guitarra pero que te llega al corazón. Por ahí no hace falta una orquesta ni mil instrumentos. A mí me influenció mucho Carlos Crespo, que es un artista cordobés con esa onda muy austera. Pero esto no es solamente una poética, sino que tiene que ver con la cuestión económica. En un mundo en que se está viniendo a pique, me parece que está bien reducir gastos.
-¿Y cuándo dejó para siempre los lápices y los pinceles?
-Fue en 2003, hace ya cinco años. Me hizo un click en la cabeza. Nosotros estamos en Córdoba, que es una ciudad muy académica, y estamos en Argentina, un país también atado fuertemente a lo académico. Y es lo que veía acá. Muchos pintores y todas las galerías que venden pinturas y sobre todo mucha competencia. Era muy duro sobresalir entre los pintores. Además, yo no sé si tengo tanta técnica. Así que me dije que tenía que buscar otra forma para expresarme con otros materiales. Y así empecé a buscar.
-¿Y qué encontró?
-Empecé a hacer obras con desechos encontrados en la basura, con cartón, con cosas austeras. Una obra tercermundista que muestra mejor lo que somos nosotros. Además, no tenía un peso para los óleos. Encontraba un pedazo de madera de la basura y con eso hacía una escultura. Y así también salió lo de los hilos.
-¿Cómo empezó a coser?
-Mi vieja tenía una mercería que cerró y me quedó una bolsa llena de hilos de colores. Entonces me dije “a esto lo tengo que usar en arte”. Y volví a hacer los dibujos que hacía antes, sobre un bastidor, sólo que en vez de pintar encima los cosía con esos hilos. En Córdoba no había nada así, por eso creo que la pegué. Justo vino a la ciudad Laura Batkis, una crítica de arte de Buenos Aires que recorrió los talleres de los distintos artistas para armar una muestra. A ella le gustó lo mío. Tuve suerte.
-¿Y usted la llevó a la playa de estacionamiento?
-Claro! Cayó a mi taller, que era en la cochera y me hizo una entrevista con un grabador, así, como vos. Ella vio algo en mí y siempre trató de ayudarme.
-Y desde entonces, nunca más volvió a la pintura clásica...
-Es que me fue bien con los perritos, con los tejidos, con la bandera (Peisino cosió una bandera argentina y en vez de un sol puso la cabeza dorada de un ahorcado)... Pero ya me estoy cansando también... Tengo ganas de buscar otra cosa, empezar con otros materiales. No me gusta estacionarme. Y eso no quiere decir que no vaya a volver a pintar. Capaz que un día me levanto con la loca y vuelvo a agarrar los lápices...
Sí. Quizás un día Pablo Peisino se vuelva a levantar con ganas de dibujar y entonces quizás le agregue nuevos amiguitos a la zaga del “Run-Morci”, del “Atrapado” o del “Cabeza de broche”. Aunque el arte vaya hacia lo tridimensional y el se quede afuera, cosa que por otra parte pareciera no importarle demasiado.
De todos modos, lo que nunca dejó ni dejará de hacer Peisino es y será el sacar obras de la galera, como si fueran suaves conejos del fondo de su inconsciente. Así, sin pedirle permiso a nadie ni dar explicaciones académicas a los críticos. Así. Tan simple como respirar. Por eso sus cuadros y sus instalaciones tienen, además de una gran emoción y una increíble calidad plástica, la virtud de dejar a la gente pensando. Como un sueño persistente que uno no se puede sacar de los ojos durante toda la vigilia.

4 comentarios:

Nicolás dijo...

muy linda nota.
me encanto el post anterior de los comics, coincido en algunos 'vitales' como preacher y ghost w.
un saludo, pasate por mi blog si podes :)

caracol dijo...

artista loco, como andás, te agregué a los blogs que sigo. A ver cuando invitás un fernet. Jajaja.

Parker dijo...

Qué buena esa bandera.

Un saludo Pablo!

nos vemos.

Dra. Nada dijo...

muy interesante. saludos!