Clase de amistad
Carlos Crespo fue profesor de pintura de Pablo Peisino y Gustavo Piñero. Pertenecen a distintas generaciones pero están unidos por el afecto y la admiración. Hoy inauguran la muestra “No califica”, que incluye obras de los tres. Cuentan cómo es la relación que mantienen.El arte empieza de muchas maneras. A Pablo Peisino su mamá, que había tenido una mercería, le dejó una bolsa llena de hilos de colores, y a partir de 2003 esos hilos comenzaron a desplazar a los lápices y se convirtieron en el material predilecto de sus obras bordadas y sus esculturas de tela. A Carlos Crespo le pasó una vez que comenzó a ver muchas chicas embarazadas por la calle, y produjo una serie que incluía Pareja con cuervos, pintura con la que el año pasado ganó la 30ª edición del Salón Ciudad de Córdoba. La obra de Gustavo Piñero está tan impregnada de sus peripecias vitales que, sin exagerar, el conjunto de su producción puede entenderse como una novela con un solo personaje. Atención a este dato: como si pronunciara un mantra, se obliga cada año a hacer un cuadro o un objeto que lleve anotados los años de su vida hasta entonces, como un arqueólogo de sí mismo que levanta sin cesar las capas de su existencia. El arte empieza de muchas maneras. Por ejemplo esta escena: Crespo, Piñero y Peisino se conocen en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba. Hay dos que son muy pibes. Uno tiene 21 años, el otro no ha cumplido los 20. Crespo (1940) es el más grande de los tres, el maestro. Se desempeña como docente de Peisino (1975) y Piñero (1973), les enseña pintura en tercer año de la carrera. Y un día, una mañana o una noche que ninguno de los tres sabría precisar, ven que el vínculo profesor-alumno pierde verticalidad y adquiere la posición horizontal de la amistad. Es decir que a la escena con caballetes y pinceles se agrega una mesa, cervezas, comida y música compartida. Comienzan a quererse, a admirarse, a construir una intimidad que también implica bancarse y cuidarse en los momentos difíciles. Esta es la historia (resumida) de la muestra que desde esta tarde a las 19.30 abrirá al público en el Museo Genaro Pérez (avenida General Paz 33). Los tres ya habían mostrado juntos en 2007, en la Universidad Blas Pascal. La exposición se llamó "Aioraralcampito" (traducción: A llorar al campito), todo un mensaje sobre el duro contexto del arte cordobés. La nueva reunión, bautizada "No califica", también envía una señal sobre el "ambiente" y quiere ser una ironía y una insolencia sobre la competitividad y el manoseo marketinero del campo en el que dan batalla. Mundos oscuros. No es difícil encontrar afinidades. Los tres han producido obras repletas de murmullos autobiográficos, a menudo con imágenes perturbadoras. Piñero se autorretrata en una serie interminable de personajes que son siempre él mismo y que frecuentemente inquietan por su contenido violento, por las culpas que insinúan y sus respectivas penitencias. En la muestra podrá verse, por ejemplo, una elaboración del motivo de San Sebastián que en la versión contemporánea de Piñero muestra el cuerpo del artista perforado por misiles. Con esta escultura dialoga El último San Expedito, una de las cinco piezas con las que acaba de ganar el Premio Gen organizado por la Fundación Roggio. Crespo vuelve insistentemente a un mundo de dolores y torsiones en cuerpo y alma, sin maquillajes de ningún tipo, apelando a una figuración de apariencias ingenuas o primitivas de inusual potencia. En sus bordados, Peisino siembra su universo con calaveras, pájaros fúnebres y todo tipo de personajes humanos o señales de la naturaleza que dejen en claro la fuerza de su desamparo. Los tres, en fin, dejan ver sus humores y temores, pero ninguno se atrinchera en la subjetividad herida de la que pueden nacer muchas de sus imágenes. Nada de mártires ni lecciones sobre el padecimiento, y mucho menos el silogismo oscuro y pedante que dice: Sufro, por lo tanto tengo razón. También es un rasgo común la presencia de seres vulnerables, capturados con toda la dureza que requiere el caso, pero salvados del patetismo gracias a las variadas formas de ternura que saben ejercer.
Punto y coma
Bueno, veamos, este… Me encuentro en una encrucijada. Me han pedido que diga algo sobre la muestra "No califica" que proyectamos hacer con Piñero y Peisino. Y esto, de todas las cosas que me han pedido en mi vida, ha sido lo más difícil (y casi imposible de cumplir). Debido a la raza de los integrantes, y el tema del que se trata. Porque hablar de arte hoy (y sobre todo de amigos, ¡Dios mío!). ¿Qué se puede decir a esta altura de los acontecimientos? ¿Que Peisino y Piñero son dos buenos artistas? Eso ya todo el mundo lo sabe. ¿Que tal vez lleguen a ser grandes? Eso lo decide Ud. y también ellos mismos. Por eso, lo mejor será que me calle, para no manosear algo que no debe serlo, y que es el afecto hacia estos dos personajes; a los que también odio, porque tienen tanto talento que, digas lo que digas, ellos, en silencio, y con cualquier elemento, pinceladas, puntadas de costura sobre tela o cualquier otra cosa, te tapan la boca, y listo; y chau, y punto. O punto y coma, como debe ser cuando pretendemos hablar de eso tan imposible e inasible que es el arte.Carlos Crespo.
Violentamente ingenuo
Antes de conocer a Carlos vi una muestra de un premio Cayc (Centro de arte y comunicación) en Córdoba. El primer premio era un cuadro que a mí me parecía bastante feo.Al año siguiente tuve que hacer un video sobre la obra de Crespo en el marco de una muestra que hacía en el Museo Genaro Pérez y, entrevistándolo, me sentí muy impresionado. Todo tenía el mismo espíritu: las sillas de su casa, la mesa, la guarda de su baño, los adornos de las paredes, su música. A medida que nos fuimos haciendo más amigos, descubrí que su coherencia es total (monstruoso, para usar un adjetivo del Polaco Goyeneche); si te invitaba a comer kepi crudo, si te aconsejaba un libro o una música, todo estaba dentro de una misma sintonía.
Creer que la obra de Carlos habla de sí mismo es una lectura superficial, él se usa como arquetipo del ser urbano, con sus miedos y sus logros diarios. Su numerosa producción, con temas que van desde la violencia explícita hasta el hombre contemplando su entorno, nos muestran a un creador incansable.
Es un trabajador de la idea, un obsesivo de la imagen que se multiplica por cientos, un obrero del arte. Su espíritu joven se mantiene intacto a pesar de las muchas batallas que tuvo que librar contra lo pacato, lo falso y lo hipócrita.
Ah, me olvidaba, el primer premio del Cayc era de Crespo y después de mucho tiempo aprendí que lo más importante de ese cuadro estaba en la hoja que había quedado sin pintar. Ahora me parece bellísimo.
Un almohadón duro. A Pablo Peisino lo conocí en la universidad. Éramos bastante distintos. Él escuchaba Kurt Cobain, yo escuchaba tango; él era fanático de cómics norteamericanos y a mí me gustaban los europeos. En lo primero que nos pusimos de acuerdo fue en Bukowski… Después hicimos grupo en la facultad y a partir de ahí nos empezamos a conocer.
Estuvimos juntos en el grupo Familia Lovera, y después organizamos varias muestras juntos (la última fue "Verde boteia", en la galería porteña Elsi del Río, el año pasado, y "Aioraralcampito" con Carlos Crespo).
Pablo tenía desde la facultad una gran facilidad innata para el dibujo, una gráfica despojada de manierismos, brutal, y a pesar de eso él siempre buscaba otra cosa. Nunca se quedó en algo que le saliera bien, incómodo en el podio, él prefería el subsuelo para ametrallar con imágenes muy duras (personajes ahorcados, perros aplastados, huesos, cráneos, animales con implantes de robot, guerra, hombres con máscaras, un aire casi imposible de respirar...) pero con telas de colores, bordados, canutillos, con elementos del universo femenino. La tensión entre la imagen y el modo acentúan su dramatismo, haciendo de su obra algo difícil de ignorar.
Me preparo un ferné y mañana le hablo a Pablo para ver si hacemos un asado el fin de semana.
Gustavo Piñero.
Mientras caen imperios
Con Gustavo nos conocimos en la Escuela de Artes. Siendo compañeros, nos unió la pasión por la historieta, cuando Gustavo trataba de editar la utópica y majestuosa revista Nada de Nada. Desde entonces y a través de los años nos embarcamos en innumerables proyectos y muestras, pero sobre todo y lo más importante: muchas horas de cerveza y ajedrez mientras a nuestro alrededor caen imperios, un gato maúlla buscando a su amor y Lucía e Inés nos piden efusivamente que terminemos de una vez con esa última partida. A Carlos lo conocí por primera vez cuando lo tuve como profesor, también en la Escuela de Artes (a pesar de no ser un amante de la academia, ahora que lo veo, le debo bastante a la Escuela). Su enseñanza más importante, además de la invalorable apertura de panorama sobre el mundo del arte, fue aprender de su entrega, espíritu y fuerza para soportar los embistes de un entorno para nada favorable y poder seguir produciendo, a pesar de todo, sin doblegarse ni arrodillarse nunca jamás.Pablo Peisino (yo!).



2 comentarios:
buenisimo el texto, me lo clave todo, en estos dias voy a visitar la muestra. salados!
Gracias Pintor!! Que la disfrute!
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